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Por qué no funciona la homeopatía (I): La teoría 9 noviembre 2011

Posted by Jesús in General.
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Empiezo aquí una serie de dos entradas para abordar un poco el tema de la homeopatía, ya que me parece que la información está un poco dispersa y, después de ver algunos comentarios, me parece que mucha gente no tiene las ideas muy claras, o se piensa que los que nos oponemos a la homeopatía lo hacemos por fundamentalismo, porque estamos a sueldo de las pérfidas farmacéuticas, o simplemente porque los homeópatas nos caen mal. No voy a explicar nada demasiado novedoso, sino simplemente intentaré resumir lo mismo que se puede encontrar por ahí, sin entrar en tecnicismos.

La idea es explicar por qué la homeopatía no funciona, pero sin dramatismos, radicalizaciones ni dogmas, en plan “no funciona porque es una chorrada”, sino de una forma argumentada, con datos concretos y analizándolo desde dos puntos de vista: el teórico y el práctico. Estos son los dos enfoques que hay que tener en cuenta no ya para la homeopatía, sino en general para cualquier disciplina/técnica que pretenda curar cosas, y eso puede ser la homeopatía, la acupuntura o la quiropráctica, pero también el desarrollo de un medicamento, una nueva técnica quirúrgica, o en general cualquier cosa de la medicina “respetable”.

Veamos lo que dice la homeopatía: la idea de fondo es que una forma de curar las enfermedades es exponer al organismo a cantidades minúsculas de la sustancia que las provoca, de manera que el cuerpo las “reconozca” y aprenda a combatirlas. Es un poco la misma idea de las vacunas, que exponen al cuerpo a una versión reducida de determinados virus, para que cuando nos ataque de verdad estemos preparados. Además, nos dicen que cuanto más diluido esté el principio activo, más potente será el efecto del producto homeopático.

Lo cierto es que el planteamiento suena bastante razonable. Como he dicho, es la misma forma de funcionar de las vacunas, y si con las vacunas funciona, ¿por qué no va a funcionar a un nivel más general? Bueno, por desgracia el universo tiene sus manías, y que algo parezca razonable no implica que vaya a funcionar. Y si no que se lo expliquen a los físicos, que cuando estaban tan contentos con sus leyes físicas llegó Einstein y demostró cosas como que dos gemelos idénticos envejecen a diferentes velocidades si uno se va de viaje y el otro no, pudiendo acabar uno con 80 años y el otro con 20 (si viajan lo suficientemente rápido, por supuesto, yendo a Cancún con Iberia no pasan estas cosas). Y esto es así aunque nadie haya ido aún de vacaciones a Alfa Centauri, ya que muchísimas cosas del día a día (como el GPS, o determinados microscopios electrónicos) no funcionarían si la relatividad de Einstein esto no fuera correcta.

Volviendo al tema, lo que falla con la homeopatía es el tema de las disoluciones. Como la teoría dice que cuanto más se diluye más potente es el medicamento, pues lo que se hace es diluirlo muchas veces. Es decir, se coge una gota del producto y se mezcla en agua. De la mezcla resultante, se vuelve a coger otra gota, y se vuelve a mezclar en agua, y así sucesivamente hasta 4, 5, 10 o 15 veces (el número de veces está marcado en la cajita del producto, por si alguien tiene curiosidad). Pero resulta que cualquier producto, aunque parezca completamente uniforme, está compuesto de un número concreto de moléculas y, cada vez que diluimos, lógicamente este número se reduce respecto al agua en el que está. Es útil pensar en la analogía de un bombo lleno de bolas blancas, al que añadimos 5 bolas negras. Sacamos 5 bolas al azar, y las metemos en otro bombo lleno de bolas blancas, repitiendo el proceso unas cuantas veces. Así es fácil ver como, al final, es muy difícil que en las últimas 5 bolas que saquemos haya alguna negra. No es que sea 100% imposible, ojo, pero es infinitamente más probable que se hayan quedado por el camino, pero llega a un punto que las cosas infinitamente improbables se pueden considerar imposibles a efectos prácticos, igual que tampoco es imposible que a alguien le toque el gordo de navidad todos los años de su vida, pero nadie lo considerará una posibilidad digna de tener en cuenta. Por tanto, si las bolas blancas son agua y las negras el principio activo, podemos decir con seguridad que en un producto homeopático no queda absolutamente nada del principio activo supuestamente diluido en él, por lo que son, simplemente, agua corriente y moliente.

Y esto se calcula fácil con la química que se estudia en secundaria (¿alguien recuerda todo el tema de los moles, y demás? pues es eso). Como esto es muy básico de refutar, la salida que han encontrado los homeópatas es plantear que vale, que no queda nada de producto en el agua, pero es que resulta que el agua tiene memoria, y “recuerda” aquellas sustancias con las que ha estado en contacto. Esto no sólo es incompatible con todo lo que conocemos sobre el agua (que es mucho, son muchos siglos de estudiarla), sino que por poco que se piense no se sostiene: si el agua recuerda toda su historia, ¿por qué el agua corriente no nos provoca todo tipo de efectos adversos? Al fin y al cabo, el agua que bebemos ha pasado por tuberías, embalses y, si me apuras, por alcantarillas y demás sitios nauseabundos previamente a ser depurada, y por tanto ha estado en contacto con todo tipo de sustancias tóxicas que, bien diluidas, deberían tener un efecto devastador. ¿Acaso tiene el agua una memoria más a corto plazo? Pues tampoco encaja, porque puedo mezclar agua con arsénico, destilarla en un alambique y bebérmela a continuación, y no me va a pasar absolutamente nada pese a haber estado en contacto con un veneno minutos antes.

Vamos, que lo del efecto memoria no sólo no ha sido explicado desde un punto de vista físico, sino que además es completamente contradictorio con nuestra experiencia cotidiana.

Pero abramos nuestra mente, y supongamos que, aunque a nivel teórico la cosa no parezca tener pies ni cabeza, el problema lo tengamos nosotros y sea nuestro marco teórico el que es insuficiente. Al fin y al cabo hace mil años se pensaba que la tierra era plana porque el marco teórico decía que si fuera redonda los de las antípodas se caerían al abismo infinito, y por las mismas podría ser que el agua sí tuviera un efecto memoria que, con la ciencia actual, no sabemos explicar. O también se podría argumentar que, aunque el efecto memoria no exista, las disoluciones homeopáticas que aún tengan algo del principio activo sí puede ser que tengan efecto.

Cuando ya hemos llegado al límite de lo que nos da la teoría, la forma definitiva de zanjar la cuestión es, simplemente, probar la homeopatía en la vida real y ver, más allá de la teoría de unos u otros, quién tiene razón y quién se equivoca. Pero eso lo dejo para el siguiente post, donde veremos cómo se hace un estudio en condiciones, qué estudios se han hecho al respecto y qué resultados han dado.

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